Mostrando entradas con la etiqueta Calles con historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Calles con historia. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de mayo de 2013

CALLE DEL LAZO


                  










Entre las calles Espejo y de la Unión, (Desde la plaza de Isabel II, hay que entrar por la calle Independencia).

Es una calle pequeña y estrecha que tiene 2 curiosas historias:

Historia:
En las aguas del arroyo de San Ginés (que bajaba por la calle Arenal hacia los Caños del Peral) no se sabe en qué época, existía un gran lagarto, que tenia atemorizado al vecindario. Para acabar con el problema, se decidió darle caza con un lazo, que pusieron en esta calle. Como lograron darle caza, empezaron a llamarla así.

Lo cierto es que en la parroquia de San Ginés, muy cerquita a esta calle, en la capilla de Nuestra Señora del Castillo, antes dedicada a la Virgen de los Remedios, se conservaba desde 1522 un gran caimán disecado a los pies de la Virgen, que fue regalado por Alonso de Montalbán, funcionario de los Reyes Católicos, según una experiencia que tuvo en un viaje a la Indias. El animal estuvo a la vista de todos hasta hace muy poco, según se dice, porque el párroco (que por cierto tiene bastante mal genio con los turistas) harto de las visitas a la “capilla del lagarto”, optó por retirarlo, para evitar los curiosos a la iglesia.

Este nombre no aparece en el Plano de Texeira (1656) y es difícil de reconocer la calle, aunque las aledañas, calles de Santa Clara y la del Espejo, están bien definidas.

La otra historia es un poco más romántica:

En tiempos de Alfonso X El Sabio, (siglo XIII), vivía en esta calle Doña María Delanda, amante del Rey. Éste le regaló un lazo de oro, que María Delanda lucía en sus citas reales, hasta que un día dejó de llevarlo.

Sospechando el rey, ordenó que pusieran a la dama bajo vigilancia. Sus sospechas eran fundadas, ya que María Delanda recibía habitualmente en sus aposentos a un joven galán.


Un día, cuando el caballero se acercaba a la calle del Espejo con el lazo prendido en sus ropas, fue asesinado  a puñaladas, sirviendo el lazo como distintivo y prueba de la infidelidad de la mujer.
  

Imagen actual de la calle: 

CALLE DE LÓPEZ SILVA



 Entre las calles Toledo y Santa Ana.



Antiguamente se llamaba “Red de las Velas”. Se cambió el nombre en los años 30, del siglo XX , en recuerdo del dramaturgo José López Silva.

¿Qué historias encierran estos dos nombres para una misma calle?

Red de las Velas: Existía en esta calle una verja donde se vendían las velas de sebo que usaban las clases media y pobre de Madrid, ya que las velas de cera eran tan caras que se reservaban para el uso en Templos y Palacios.

Antaño, se definía “red” al lugar donde se solía vender el pan o el pescado u otra cosa que se da por entre una verja (Definición en el  “Tesoro de la lengua castellana” de Covarrubias 1674)


Noticias periodísticas:

“Quien hubiese perdido un caballo en la noche del día 24 del corriente, acuda a la calle de las Velas y de Santa Ana, en el corralón de carros de la limpieza, preguntando por el Administrador D. Lorenzo Rubio Albarrán, que dando las señas se le entregará”
(Diario curioso, erudito, económico y comercial del sábado 26 de Agosto de 1786)



López de Silva: José López de Silva nació en Madrid en 1861. Se educó en los escolapios de San Fernando en pleno barrio de Lavapiés, de dónde conoció de primera mano el casticismo que más tarde plasmaría en sus obras del género chico.

Se dio a conocer en las página de Madrid Cómico y escribió poemas de carácter popular  y costumbrista como “Chulaperías”, “De rompe y rasga” “la musa del arroyo”…. Pero su más conocido trabajo fue la colaboración junto con Carlos Fernández –Shaw en el libreto de la zarzuela “La Revoltosa”.

A partir de 1915, que el género chico, cayó en desuso, López Silva se hizo empresario teatral y realizó varias giras por Hispanoamérica, siendo en Buenos Aires en 1925 donde murió.

El Ayuntamiento cambió el nombre de la calle, en homenaje a este hombre que supo reflejar con mucho humor, el Madrid castizo de su tiempo.


   

Vista actual de la calle:


viernes, 17 de mayo de 2013

CALLE DE CHINCHILLA

 

 Situada entre las calles Abada y Gran Vía.

Tenemos noticia de esta calle llamada así, en un manuscrito regalado por D. Valentín Carderera en 1870 a la Biblioteca Nacional. El “Libro de los nombre y calles de Madrid sobre que se paga incómodas y tercias partes con abecedario”. El itinerario recorría todas las calles de Madrid por una visita de inspección para señalar un impuesto. Esta visita se inició el 11 de enero de 1625 y terminó el 26 de junio de 1632.

También podemos encontrar la calle en el famoso mapa de Texeira de 1656.


Historia: Viene su nombre de D. Francisco de Chinchilla, que fue magistrado de penas, ministro del Santo Oficio y Alcalde de Corte y Rastro. Participó en el juicio a Rodrigo Calderón,  Marqués de Siete Iglesias, emitiendo su voto para que fuera degollado.

Chinchilla, fue magistrado en Cerdeña, en tiempos en que El Marqués de Siete Iglesias y El Conde-duque de Olivares (valido de Felipe III) tenían gran influencia sobre el rey. El Marqués le negó siempre su venida a España, y cuando se desató el juicio contra el Marqués de Siete Iglesias, el conde-duque de Olivares le trajo a Madrid para seguridad de la sentencia,  pues se le creía buen magistrado, pero no se imaginó que éste se vengaría, ya que además de votar por su muerte también se opuso a que se le hicieran honras fúnebres antes de ser sepultado en el Carmen Descalzo.

Francisco de Chinchilla tenía fama de ser un magistrado muy recto, pero por su inflexibilidad también fue muy temido.

“El Chinchilla”, como le llamaban los madrileños de la época, compró los terrenos que rodeaban al monasterio de San Martín, construyó su casa y abrió una calle.

En el siglo XVII se tenía la creencia que para evitar las epidemias, cuyos miasmas venían en los aires, convenía dejar los animales muertos en las calles, con el olor que desprendían, los aires epidémicos se cebaban en aquellas carnes putrefactas y no atacaban a las personas.

Chinchilla prohibió que en su calle se arrojasen los animales muertos e incluso propuso al ayuntamiento que prohibiese tal costumbre (en esto tenía razón), pero la gente por fastidiarle, le llevaba todos los perros y gatos muertos. Amenazó con grandes penas al que en su calle echase desperdicios.



Un día, D. Francisco se encontró en su calle a dos ancianas que estaban pelando unas aves muertas que allí encontraron. Las mandó prender y ellas decían:
-   - Señor, somos tan necesitadas que solo comemos lo que muerto encontramos por las calles y las plazas, ayer hallamos una lechuza y eso fue lo que comimos.
- ¿Y dónde habéis hallado esa lechuza?
- Señor, contestaron las mujeres, en vuestro basurero.
- ¿Y cuál es mi basurero? Repuso indignado Chichilla.
- La calle de su señoría.

Las mandó a la cárcel.

Al día siguiente, en la esquina de su casa, se encontró una lechuza clavada, el juez, tomándolo como un desprecio, no la mandó quitar. La gente se lo tomó a guasa, y comenzó a denominar esa calle como la calle de la Lechuza.


De este personaje, también está el origen de la expresión ¡Le conocen hasta los perros! (explicado en refranes y curiosidades).

Tal animadversión le tuvo la gente llana de Madrid, que cuando murió se hizo correr el rumor de que una vez sepultado en el convento de San Francisco, por la noche se oían extraños ruidos en su tumba. Los frailes abrieron su tumba y con ganchos le quitaron el sayal franciscano porque había sido condenado en el juicio de Dios a penar en el infierno.

Con el trazado de la Gran Via, la calle Chinchilla perdió los números 9 y 11.


Aspecto actual de la calle:





CALLE DE LA LECHUGA


Situada entre la Imperial y Salvador.

  

Aparece con el mismo nombre en los planos de Texeira (1656)  de Espinosa (1769)


Historia: Antiguamente era el sitio donde se ponían los puestos de venta de lechugas. No hay más referencias sobre esta calle, sólo que antiguamente las frutas se vendían en distintos lugares de Madrid, pero la Sala de Alcaldes de Casa y Corte ordenó en 1622 que se vendiesen en la Plaza Mayor. De ahí, podemos suponer (es sólo una conjetura) que los hortelanos de las cercanías de la ciudad, que entraban por la calle Toledo, pusieran sus puestos en la Plaza Mayor y aledaños.

Noticias periodísticas:

“En la calle de la Lechuga, junto a la cárcel de Corte, casa num 13, quarto 3º, vive un maestro de escribir que recibe pupilos a 4 rs diarios si son pequeños de edad, y a los medianos por 2 rs, enseñándolos y cuidándolos con esmero.”

(Diario curioso, erudito, económico y comercial del martes 29 de Agosto de 1786)

“En la calle de la Lechuga, número 5, manzana 165 a espaldas de la cárcel de corte, hay un almacén de vino por mayor y menor de la tierra, por mayor a 30 rs y por menor a 8 cuartos el cuartillo; de Valdepeñas legítimo a 36 y por menor a doce cuartos el cuartillo, puesto en casa de los consumidores desde una cuartilla arriba”
(Diario de Madrid, Viernes 13 de abril de 1838)


Y con la guasa que nos caracteriza a los del lugar…en esta calle existen los siguientes establecimientos:

  • Bar-Restaurante “El Cogollo” (calle Lechuga, 3)
  • “Fonda La Lechuga” (calle Lechuga s/n)
  • “Fresc Co” (calle Lechuga, 5). Buffet libre. Establecimiento especializado en alimentación saludable y dieta mediterránea (ya sabemos todos que en los buffet, hay mucha variedad de ensaladas).
 Aspecto actual de la calle: