martes, 26 de marzo de 2013

TEATRO REAL


Pza. de Isabel II s/n  (metro Ópera)


La historia se remonta cuando Felipe II trae la Corte a Madrid. Se ordenó la construcción de una fuente pública para abastecer de agua a la población junto a una de las puertas de la muralla cristiana, la puerta de Vanaldú.

Esa zona, la que hoy conocemos como la Plaza de Isabel II (Ópera para todos los madrileños) era un terreno empinado, con barrancos formados por el “arroyo del arenal”, que discurría por la actual calle del Arenal y continuaba paralelo a la muralla hasta llegar al río Manzanares. Además este terreno tenía multitud de acuíferos que se aprovecharon para hacer una fuente.

En un principio la fuente era sencilla, con un solo caño, situada junto a un gran peral, de ahí su nombre, pero como todo, según las necesidades de la población, la fuente se fue reformando, hasta que Juan Bautista de Toledo (arquitecto de El Escorial) diseña una fuente con 6 caños y un gran pilón y estaba separado del arroyo del Arenal mediante un pretil (muro pequeño). Los excedentes de agua se aprovechaban en un lavadero que tenía un total de 57 pilas. 



Este punto, entre aguadores, lavanderas, animales abrevando… fue un lugar de reunión de los madrileños y un lugar excepcional para las compañías de teatro ambulante.

En 1663 el ayuntamiento vendió el lavadero, a causa de los conflictos que le suponía su arrendamiento.

Felipe V, que reinó en España desde 1700, era un hombre educado en la corte de Francia, acostumbrado a las fiestas, representaciones, bailes… mandó llamar en 1703 a la compañía Italiana de Bartoli, para que hiciese  representaciones en los corrales de comedias y les concedió durante 3 meses el usufructo del Coliseo del Buen Retiro. Estos representaban obras con una mezcla de recitado, canto y baile. Tal fama alcanzó esta compañía, que en 1708, el Ayuntamiento de Madrid le otorgó permiso para construir un teatro en el solar de unos lavaderos públicos conocidos como “Los Caños del Peral”.

Así es como Bartoli, construyó un pobre teatro, (algunos cuentan… “cuatro tablones y clavos”), que fue el primero que hubo en aquel sitio. Este teatro se dejó de utilizar en 1725.

Uno de los más grandes cantantes del siglo XVIII, Farinelli, fue llamado por la reina para curar a Felipe V de su “depresión melancólica”  y tanto es así, que el rey mandó a Scotti construir un edificio de nueva planta … “con el motivo de venir a la Corte una compañía de cómicos italianos para hacer sus óperas en los Caños del Peral”. Las obras empezaron en 1737 y la primera representación fue el 9 de febrero de 1738.




El funcionamiento del teatro se supedita principalmente al apoyo de la Casa Real, que es irregular, lo que provoca sucesivos periodos de cierre. Otras veces, el teatro se utilizó, no para funciones de ópera, sino para bailes de máscaras según el gusto francés.

Con el reinado de Carlos IV, a partir de 1788, el teatro conoce un relanzamiento como sede operística de Madrid. En 1799 se ordena que todas las obras representadas en España lo han de ser en español y por actrices y actores españoles.

A partir de la Guerra de la Independencia, el teatro suspende sus actividades y en 1810 se cierra porque se teme su derrumbe. Finalmente es demolido en 1817, ya que hay un nuevo proyecto de teatro integrado en la Plaza de Oriente y ocupa parte del solar de este antiguo teatro.


Con el escombro procedente del Coliseo y de otras demoliciones aledañas se asoló la plaza y la fuente de los Caños del Peral quedó allí enterrada.
Con la remodelación de la Plaza de Oriente, Fernando VII, promovió la construcción de un nuevo Teatro de ópera. En 1818 mientras el arquitecto González Velázquez se encargaba del movimiento de tierras y nivelación de la plaza, el arquitecto Antonio López Aguado  que proyecta el Teatro, comienza las obras.
El diseño, ajustado al entorno de la Plaza de Oriente, era de un edificio en forma hexagonal irregular (en  vista aérea parece un féretro) cuya fachada principal miraba al Palacio y la posterior hacia la Plaza de Isabel II.




La escasez de fondos de la Casa Real, hizo que las obras sufriesen numerosos parones, hasta que finalmente, por Real Orden de 7 de mayo de 1850, el gobierno encargó al arquitecto Francisco Cabezuelo la terminación de las obras y el edificio pudo ser inaugurado por la reina Isabel II 6 meses después, con el estreno de la ópera La Favorita de Donizetti.




El interior del teatro tenía una capacidad para 2800 espectadores, distribuidos en 4 órdenes de palcos y la platea, siendo el escenario uno de los más grandes que se habían construido en Europa. Para realizar la armadura de la techumbre, se tuvo que talar un bosque entero de pinos. Había dos salones de baile, tres salones de descanso, una confitería, un café, un tocador y un guardarropa. Todas estas comodidades se habían copiado de grandes teatros europeos como el San Carlo de Nápoles o La Scala Milán.
En el siglo XIX, el teatro ha tenido muchos altibajos: temporadas con gran asistencia de público, otras con estrepitosos fracasos, la gestión en manos privadas… que solían abandonar su administración tras sufrir grandes pérdidas.  Sin embargo en el último cuatro de este siglo, se presentaron las voces más prestigiosas del panorama europeo.
Durante el siglo XX el teatro ha tenido numerosas vicisitudes.
A partir de 1916, los ballets rusos visitaron el teatro, con gran éxito.
En 1925, aparecieron unas grietas en la estructura del edificio, unos opinaban que eran consecuencia de la construcción de la línea de metro 2 y otros por el curso de aguas subterráneas que discurrían junto a la cimentación.  Se cambió el antiguo armazón de madera por una estructura de hormigón armado, y a la vez se triplicó el espacio útil con la creación de espacios bajo la rasante.
Durante la Guerra Civil, convirtieron el teatro en un polvorín, quedando práctimante ruinoso. Se planteó su demolición.
Franco, decidió transformarlo en una sala de conciertos, Real Conservatorio de Música y Escuela de Arte Dramático, y construir otro Teatro de Ópera en distinta ubicación. Las obras se encargaron a González Valcárcel, que recibió en numerosas ocasiones la orden expresa desde el Ministerio de cegar con cemento el foso del teatro para inutilizar definitivamente el Real como Teatro de Ópera. Gracias a su decisión de no hacerlo, se ha podido recuperar posteriormente el Teatro. Se abrió en 1966 .
En 1979, el Gobierno decide construir un Auditorio Nacional de Música de nueva planta y reconvertir el Teatro Real en teatro de ópera. Las obras se encargaron al arquitecto Valcárcel y no pudieron empezar hasta 1991. Al poco tiempo de empezar las obras muere Valcárcel a pie de obra y se hacen cargo del proyecto su hijo Jaime González Valcárcel y Miguel Verdú. Posteriormente un nuevo arquitecto Francisco Rodriguez Partearroyo se hace cargo de las obras modificando radicalmente el proyecto original.

Los planes de Partearroyo, se preocupan más por la acústica del coliseo, permiten un mejor aprovechamiento del espacio con la creación de salas de ensayo y espacios para uso administrativo. También incorpora una de las mejores maquinarias escénicas que había disponible en el mercado. Actualmente el escenario del Teatro tiene 18 plataformas con movimiento vertical y cuatro con movimiento horizontal, lo que permite tener montadas varias escenografías al mismo tiempo.



 El interior del Teatro se rehabilita completamente y después de 7 años de obras se convierte en uno de los mejores teatros de ópera de toda Europa, sobre todo por su carácter, aforo, casi 2.000 localidades, calidad técnica, esplendor y programación.




En 11 de octubre de 1997 se reinaugura el Teatro Real de Madrid con un programa genuinamente español: la opera La Vida es Breve y el ballet El Sombrero de Tres Picos ambas de Manuel de Falla.

La gestión del Teatro corresponde a la Fundación Teatro Lírico. El Patronato de esta Fundación lo componen el Ministro de Cultura del Gobierno de España, La Comunidad Autónoma de Madrid y el Subdirector General de Música y Danza del Ministerio de Cultura.

Actualmente en  sus nueve plantas alberga:




No hay comentarios:

Publicar un comentario